Saturday, March 31, 2018

"Baroja y yo. La boina del viajero", de Antonio Castellote

Baroja tiene miles de lectores entusiastas, muchos de ellos muy leídos e incluso eruditos, pero pocos deben conocer tan a fondo el universo barojiano como Antonio Castellote. Ya había seguido yo en su blog Bernardinas toda una serie de lecturas barojianas suyas, que a veces salían a ritmo frenético, de novela por día, o casi.
Pues bien, en la nueva colección "Baroja y yo", gran idea editorial que al parecer reunirá un catálogo de 25 libritos sobre Baroja (escritos -copio y pego- por Santiago Aizarna, Bernardo Atxaga, Antonio Castellote, Sergio del Molino, Iñaki Ezquerra, Giovanna Fiordaliso, Mónica González Pereira, Manuel Hidalgo, Amparo Hurtado, Joxemari Iturralde, David Jiménez Torres, Jon Juaristi, Eduardo Laporte, José Martínez Ferreira, Saturnino Napal, Valentí Puig, Daniel Ramírez García-Mina, José Mª Romera, Antonio Salvador Plans, Justo Serna y Andrés Trapiello), acaba de salir "La boina de viajero" de Castellote.
Lo terminas de leer y lo primero que sientes es mono de seguir leyendo la prosa de Castellote, sin parar. Te sabe a poco. No es suficiente. Queremos más. Algo parecido a lo que suele pasar cuando terminas de leer algo de Baroja. Que quieres más. 
Si no recuerdo mal, era Onetti el que decía que todos los años volvía a releerse enteras las obras completas de Baroja. Es la mejor forma de coger el tono de escritura, el tono antirretórico, el tono natural. Baroja -sí, el supuesto 'garbancero bis'- parece ser un gran maestro de escritura, el mejor taller literario que existe.
Castellote sabe mucho de técnicas narrativas y composición de personajes y argumentos, pero yo sigo un poco peleado con el género novela (no sé qué me pasa, que sigue sin entrarme, ya se me pasará) y lo que me gustaría es tener un libro suyo de memorias -un poco como en este libro- o una especie de apuntes literarios, bien voluminosos, con su prosa fácil y desenvuelta, sencilla, natural, directa, su prosodia infalible (siempre en marcha hacia delante, no mires nunca para atrás), sus agudas opiniones lectoras, sus exactas descripciones de paisajes, de la naturaleza, de la vida del campo, del mundo animal (difícil olvidar, por ejemplo, aquella "snuff movie" de la fauna ibérica, dedicada a Félix Rodríguez de la Fuente). Algo así como sus horas solitarias o su última vuelta del camino, aunque sea todavía joven. 
Transcribo un párrafo del principio, para que se vea lo que digo:
"Desde hace décadas acudo cada otoño al norte de Navarra, al entorno de Vera de Bidasoa, y rindo visita a Itzea, por más que nunca haya entrado, y no porque siempre estuviera cerrada o los Baroja me impidieran la entrada, sino porque soy uno de esos personajes barojianos que miran desde fuera y detestan incordiar.
De modo que lo primero que yo leí de Baroja fue un paisaje brumoso, una historia del mar, las memorias de un viejo marinero que reposa tranquilo en la aldea que le vio nacer y mira la mar revuelta con nostalgia y una pipa. Aquello es lo que me entusiasmó y me sigue entusiasmando: el paisaje, la nostalgia, el mito del hombre sano. Era el Baroja dickensiano, romántico y folletinesco. Pero de la aventura de la cueva sólo recordaba, cada vez que leía el libro, el paisaje, los personajes curiosos, las sensaciones, no los hechos concretos, lo específicamente narrativo. En ese libro se estaba tan bien que daba igual el argumento".
Si después de leer esto, uno no se lanza a la librería más cercana a comprar este libro, es que no se merece entrar en la cofradía de los barojianos. 


Thursday, January 04, 2018

Ramón y Larra, Larra y Ramón







































(Madrid, 3 de enero de 2018)